El ambiente como tercer educador: cómo revisar el aula de infantil
Cómo está organizada el aula también educa. Revisarla ayuda a ver qué facilita el juego y qué lo dificulta.
Escuela y casa, acuerdos para acompañar

Casa y escuela funcionan de forma distinta, y no pasa nada. Hablar permite ponerse de acuerdo en lo importante.
La familia y la escuela no tienen que tener las mismas rutinas. Son espacios distintos. La colaboración empieza por entender esas diferencias y compartir lo que es útil.
Ante una dificultad, describe lo que pasa sin poner etiquetas. «Le cuesta dejar el juego cuando es hora de comer» abre una conversación mejor que «no hace caso».
Después, elegid una sola cosa que podáis acompañar en los dos sitios. Por ejemplo, avisar antes de los cambios de actividad y dar un momento para terminar. El acuerdo tiene que ser realista y revisarse según cómo responda el niño o la niña.
Cuéntale a la escuela lo que puede afectar a su día, como una mala noche o un cambio en quién le recoge. Ayuda a entender algunas reacciones, aunque no lo explique todo.
Si hay desacuerdos, mejor hablarlos en un momento tranquilo. Las familias necesitan entender el sentido de lo que hace la escuela, y la escuela necesita saber qué es posible en casa.
El objetivo es encontrar la mejor respuesta para cada niño y cada niña. Las diferencias entre adultos se resuelven entre adultos, sin poner a los pequeños en medio.